La acelga es una verdura de larga tradición en la cocina española, presente en huertos y mercados de temporada durante casi todo el año. Sin embargo, cuando las pencas (el tallo blanco y carnoso de la hoja) son muy grandes y fibrosas, muchas personas las descartan y solo aprovechan la parte verde para guisos o purés. Esta receta rescata precisamente esa parte. Con un relleno sencillo de jamón cocido y queso, y un rebozado crujiente, las pencas más humildes se convierten en un plato reconfortante que no tiene nada que envidiar a las tradicionales sanjacobos o los flamenquines.
El desperdicio de partes «feas» o menos nobles de las verduras es uno de los más silenciosos y extendidos en los hogares. Las pencas de acelga son un ejemplo perfecto: nutritivas, versátiles y completamente aprovechables, pero a menudo ignoradas por su textura más dura. Esta receta nos recuerda que cocinar de forma sostenible no siempre requiere ingredientes especiales, sino cambiar la mirada sobre lo que ya tenemos.
Lavar bien las pencas y cortar en trozos de unos 8-10 cm de largo. Cocer en agua con sal hasta que estén tiernas pero no deshechas, unos 15-20 minutos según su grosor. Escurrir y dejar enfriar.
Con un cuchillo, abrir cada trozo de penca por un lateral como si fuera un libro, con cuidado de no separar los dos lados del todo.
Colocar dentro una loncha de jamón cocido y una de queso. Cerrar bien la penca presionando ligeramente con los dedos.
Pasar cada penca rellena primero por harina, luego por huevo batido y finalmente por pan rallado, asegurándose de que queden bien cubiertas por todos los lados.
Freír en abundante aceite caliente hasta que estén doradas y crujientes. Retirar sobre papel absorbente y servir calientes.
Si las pencas son finas y no se pueden abrir no pasa nada. Sobre una de las pencas poner el jamón y el queso y cubrir con otra penca. Rebozar y freír con cuidado.
Lavar bien las pencas y cortar en trozos de unos 8-10 cm de largo. Cocer en agua con sal hasta que estén tiernas pero no deshechas, unos 15-20 minutos según su grosor. Escurrir y dejar enfriar.
Con un cuchillo, abrir cada trozo de penca por un lateral como si fuera un libro, con cuidado de no separar los dos lados del todo.
Colocar dentro una loncha de jamón cocido y una de queso. Cerrar bien la penca presionando ligeramente con los dedos.
Pasar cada penca rellena primero por harina, luego por huevo batido y finalmente por pan rallado, asegurándose de que queden bien cubiertas por todos los lados.
Freír en abundante aceite caliente hasta que estén doradas y crujientes. Retirar sobre papel absorbente y servir calientes.
Si las pencas son finas y no se pueden abrir no pasa nada. Sobre una de las pencas poner el jamón y el queso y cubrir con otra penca. Rebozar y freír con cuidado.
El desperdicio de partes «feas» o menos nobles de las verduras es uno de los más silenciosos y extendidos en los hogares. Las pencas de acelga son un ejemplo perfecto: nutritivas, versátiles y completamente aprovechables, pero a menudo ignoradas por su textura más dura. Esta receta nos recuerda que cocinar de forma sostenible no siempre requiere ingredientes especiales, sino cambiar la mirada sobre lo que ya tenemos.